Pasado el tiempo y desaparecido mi padre, siento mucho no haber tenido el suficiente interés de acompañarlo para aprender a recogerlas y saber distinguirlas, a veces no te das cuenta de la importancia de las cosas hasta que ya no puedes acceder a ellas.
Actualmente tengo la suerte de poder degustarlas con toda confianza, unas veces recogidas por mi marido, y éstas que veis aquí, recogidas por el novio de mi hija que tuvo el detalle de traerlas con cesta y todo, ¡es más majo...! jeje. Sólo recogen las que ellos consideran, con seguridad, que son comestibles.
Hay que cogerlas con cuidado para no tener que lavarlas y, solamente, pasarles un paño húmedo para que no pierdan sabor.
Los níscalos los había comido con huevos, en revuelto, a la plancha, con pimientos verdes, etc., así que para variar pensé en hacer unas croquetas y os aseguro que quedan exquisitas,.
A falta de níscalos, se pueden sustituir por otra seta o por champiñones cultivados, aunque el aroma y sabor de los recogidos en el campo es insuperable.
-1/4 kg. de níscalos
-1 cebolla mediana
-1/4 litro de leche
-2 cucharadas de harina
-2 huevos
-50 gr. de mantequilla
-aceite
-sal
-pan rallado
Elaboración
Limpiar bien los níscalos y picarlos muy menudos. Poner en un cazo al fuego, la mantequilla y un chorro de aceite. Saltear en él la cebolla picada hasta que esté blanda, añadir los níscalos, salarlos y dejarlos cocer hasta que queden blandos.
Añadir la harina, mezclarla bien y dejar que se fría un poco.
Verter la leche caliente (poco a poco), batiendo sin parar para que no se formen grumos. Rectificar de sal y cocer unos minutos.
Dejar enfriar y formar las croquetas, pasarlas por huevo y pan rallado y freír en aceite.

